“Rayos”, antes de hacernos mayores

rayosYa no hay costumbrismos como los de antes, ya no hay infancias como las de antes, los chavales no crecen entre el pueblo y la ciudad porque los chavales ya no tienen pueblo, ya no hay pueblos como los de antes, ni barrios: tampoco hay barrios como los de antes porque ya no hay infancias como las de antes; los chavales no crecen en la calle, en comunidad con otros chavales, jugando al fútbol en las plazas, tirándole pan a las palomas, sentándose en los bancos a comer pipas, probablemente ya no hayan pipas como las de antes.

La pregunta que, curiosamente, nadie se hace es: ¿antes de qué? no existe un momento concreto a partir del cual diferenciamos el antes del ahora. Antes de la guerra, antes de la transición, antes de ayer y hoy es antes que pasado mañana. Hoy es antes. Y el hoy, el momento en que Miqui Otero establece su presente es un antes para nosotros: antes de que estallara todo, la burbuja inmobiliaria, la corrupción (vale que ya entonces la había,  pero “antes” no se sabía, con pareado y todo), antes de que empezáramos a arrastrar toda la mierda (perdón por la expresión) que arrastramos. Antes de la tormenta, cuando sólo se ven los rayos.

Rayos es la historia de un barrio, el Raval, que podría ser cualquier barrio obrero de cualquier ciudad de España. No necesitas haber estado en el Raval para visualizar perfectamente todo lo que Miqui Otero te cuenta. En este barrio es donde viven los rayos, que son cuatro chavales que han sido más que amigos desde que se conocieron en el colegio Amarillo. Estos cuatro mangurrianes comparten un piso y mil anécdotas desde que Fidel Centella, el protagonista/testigo de la(s) historia(s) reciente(s) del barrio, se va de casa de sus padres por primera vez, la vez accidentada. Los cuatro son para echarles de comer aparte pero se les coge cariño, porque recuerdan muchísimo a nuestros propios amigos del colegio, del parque, del pueblo cuando ibas a ver a los abuelos y te pasabas tres meses pisando boñiga de vaca dia sí, día también. A través de Fidel, Brais (“hay dos tipos de personas…”), Iu y Justo conocemos una realidad previa a que un barrio se pusiera de moda, antes de restauraciones, limpiezas y remodelaciones. Conocemos a personas como Tinet “el último afilador” que resiste en su hogar de toda la vida aunque le amenacen con el desahucio, conocemos al Romario pakistaní, conocemos a los “clientes” de la Cruz Roja, haciendo cola para recibir su dosis de metadona, conocemos a los parroquianos de los bares, a las chicas con las que crecen los chavales (representadas por la genial Bárbara), a las primera pijas que llegan al barrio (representadas por Diana)… y conocemos a los padres de Fidel, aunque ellos apenas hagan acto de presencia en el presente, pero sí en el pasado: un pasado en el pueblo gallego, aun anclado en las viejas costumbres: llenar el maletero del coche de chorizos, empanadas y productos de la huerta, que el viaje es largo y en Barcelona las cosas no saben igual.Barcelona night

No sé hasta qué punto Fidel y Miqui Otero se confunden, no sé cuánto de Miqui hay en Fidel ni cuanto de Fidel hay en Miqui, pero la forma cómo se cuentan estas dos historias en una (la de los padres de Fidel y la infancia de éste de vacaciones en la aldea y la del propio Fidel con 24 años poniéndole nombres a los ratones del piso) lleva a pensar que si no es una novela autobiográfica, será lo más parecido. Es una biografía sentimental, nostálgica y soñadora y eso es lo que define a Fidel Centella: es un sentimental, un soñador, un chaval asustado viendo que no le queda más remedio que crecer y darse cuenta de que ya nada volverá a ser como antes.

Un libro muy entrañable, lleno de guiños, juegos de palabras, ocurrencias, escenas cotidianas, alegrías y penas. Un libro sobre nosotros mismos.

“Rayos

Autor: Miqui Otero
Editorial: Blackie Books
Nº Páginas: 316

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2 pensamientos en ““Rayos”, antes de hacernos mayores

  1. Hola 🙂 Me ha despertado la nostalgia el primer párrafo de la reseña. Me he recordado a mi mismo yendo todos los días al parque a las 4, con mis tazos jugando intensas apuestas y partidas, con meriendas llenas de patatitas y bocadillos (para tener más tazos), con esos días de lluvia encerrado en casa viendo todas las series de dibujos del Xabarin Club, con esas intensas pachangas en la pista, con esas rutas en bici hacia lo desconocido por los montes. Me lo apunto, me parece una lectura muy interesante para salirme de mi “circulo” habitual. Un besin^^

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    • De eso trata ese libro. Es un Manolito Gafotas barcelonés que se ha hecho mayor… es un relato de costumbres perdidas y de una época en la que la desesperación quedaba muy lejos, salvo si vivías en ciertos barrios. Te lo recomiendo mucho.

      un beso

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