Reseña: "Sobre la Belleza"

TITULO: “Sobre la Belleza”
AUTORES: Zadie Smith
TRADUCTOR: Ana María de la Fuente
EDITORIAL: Salamandra
FORMATO: Tapa blanda
Profesor universitario en una pequeña y próspera ciudad de Nueva Inglaterra, el británico Howard Belsey está pasando, a sus cincuenta y siete años, por uno de sus momentos vitales más bajos: su futuro académico parece definitivamente estancado y, en su casa, las cosas van de mal en peor. Tras treinta años de convivencia con Kiki, una hermosa activista afroamericana que ahora pesa ciento veinte kilos, un desliz amoroso amenaza con hundir su matrimonio. En cuanto a sus tres hijos, se encuentran absortos en sus propias vidas: el enamoradizo y sesudo Jerome, de veinte años, se ha convertido al cristianismo; la ingenua y ambiciosa Zora, de diecinueve, sigue los dictados de su precoz inteligencia, y el quinceañero Levi es un abanderado de la negritud. Y como si el panorama no fuera lo bastante complejo, el odiado Monty Kipps, especialista en Rembrandt como él y su adversario intelectual más acérrimo, ha sido invitado a formar parte del cuerpo académico de la universidad. Así pues, todo está servido para que estalle una hilarante historia sobre las filias y fobias de la especie humana (desencuentros generacionales, amores contrariados y conflictos ideológicos incluidos), en la que el bagaje intelectual y cultural parece reducirse meramente a un brillante y frágil escudo personal diseñado para protegernos del desamparo y mitigar el implacable paso del tiempo.

Con una mirada lúcida e irónica sobre el mundo en que vivimos y un talento fuera de serie para dar vida a personajes de carne y hueso, la autora ha recreado, en clave del siglo XXI, la incisiva mirada de E.M. Forster en Regreso a Howards End, una de sus novelas favoritas.
Esta es una historia que llevaba esperándome cierto tiempo en la estantería. Zadie Smith me intrigaba mucho, siendo tan joven y habiendo ganado ya varios premios con su anterior novela (Dientes Blancos, Salamandra) y con esta, que además fue finalista del Man Booker Prize en 2005. Si miráis la foto de la autora es evidente que lo primero que salta a la vista es que no es blanca. No quiero hacer aqui referencia a su piel como signo distintivo sino como un plus, estoy acostumbrada a leer autores blancos, hispanos o japoneses por citar algunas “voces”, porque eso era lo que me interesaba averiguar de Zadie Smith: su voz, su punto de vista.
Todos hemos leido o visto historias de discriminación en su sentido más puro: una raza/genero/clase social intenta establecer su supremacía sobre todas las demás en un momento y un lugar determinado por el autor de turno. En este caso se habla de otro tipo de discriminación que es el que más presente está en la sociedad hoy en día: la discriminación positiva. Cosa que Smith puede atestiguar en su condición de mujer, europea, educada y de color. Aprovecha esos cuatro atributos para contarnos una historia con muchos matices a través de una familia formada por un hombre blanco europeo e intelectual, su mujer afroamericana inteligente pero no excesivamente culta (al menos no tanto como su marido) y sus tres hijos cada uno representando un grupo social distinto: el joven cristiano, la mujer luchadora e intelectual (aunque un tanto carente de alma) y el joven comprometido con la causa social “de moda” cuyo discurso queda diluido por la inocente hipocresía que representa en sí mismo. El tema de fondo aquí es la superioridad moral a todos los niveles de la familia protagonista incluso dentro de la propia familia: todos los miembros de la familia se creen superiores a la madre por unos motivos u otros, la compasión entre ellos o para con los demás brilla por su ausencia: por ejemplo cuando Zora decide defender los derechos de un joven de la calle, lo hace por motivos puramente egoístas, Jerome es un ser espiritual con ese aire de sensibilidad que lo hace sentirse muy especial y moralmente por encima de sus blasfemos familiares y el hijo pequeño vive completamente al margen de su familia, echándoles en cara que no se sienten “lo suficientemente negros” mientras va a defender los derechos de los trabajadores haitianos vestido de marca de arriba a abajo. La madre aun siendo la más sensible, inteligente y humana de todos es también algo clasista a su manera, pero al menos es consciente de ello (aunque no le ponga remedio).
Alrededor de ellos van apareciendo una serie de personajes con historia propia y en sus relaciones translucen temas de corte casi exclusivamente social entre los que sobresale casi exclusivamente el tema del racismo y los privilegios. Pero yo diría que este racismo es más actual, es un racismo más de hoy y no el tradicional blanco superior al negro. No es tan sencillo (aunque nada es sencillo). Se trata más bien de una especie de jerarquía según el color, el status, la educación y la apariencia. Es un racismo positivo, negado, con miedo a llamarse a sí mismo racismo. Este es el debate principal que se mantiene casi violentamente entre el personaje protagonista y su antagonista. Es el diálogo más claro que se puede encontrar en el libro: un blanco que aboga por conceder una serie de oportunidades a negros de barrios marginales y un negro privilegiado que aboga porque el negro marginal se tiene que ganar esa oportunidad. Así pues tenemos dos tipos de discriminación aquí: el que cree que debe premiarse a alguien simplemente por las desventajas que le da su color de piel y el que cree que no debe premiarse a alguien por no ser capaz de costearse ese premio (el premio viene a ser el derecho a una educación). Da igual que la persona en cuestión tenga la capacidad necesaria para triunfar con ese premio en cualquier caso.
Todo esto ambientado en la américa académica, un poco como en las novelas de Donna Tartt, en el que las familias son tan perfectas en las fotos y sin embargo entre la foto y el marco se esconden los trapos sucios de la humanidad, aparte de lo que ya hemos comentado: envidias, rencores, infamias, escándalos sexuales e hipocresía, muchísima hipocresía.
Es una novela que me ha sorprendido gratamente, a pesar de lo incómodo del discurso: invita a la reflexión personal y global. Es amena, fluida y contada de una forma que consigue que el lector se termine el libro casi sin darse cuenta.
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