Reseña: "Evelina"

TÍTULO: Evelina
AUTOR: Frances (Fanny) Burney
EDITORIAL: dÉpoca
FORMATO: Tapa dura con sobrecubierta
Incluye postal y marcapáginas en el interior
Evelina, o Historia de una joven dama en su entrada en sociedad, cuenta la historia de la hermosa Evelina Anville, hija no reconocida de lord Belmont, un aristócrata inglés de vida disipada. Desde su oscuro nacimiento y tras la muerte de su madre al dar a luz, Evelina se cría aislada en el campo con su tutor, el bondadoso reverendo señor Villars. Cuando está a punto de cumplir dieciocho años viaja por primera vez a Londres, donde se ve cautivada por su nuevo entorno, el beau monde, y en particular por el apuesto y distinguido lord Orville. Pero su disfrute pronto se verá mortificado por la aparición de su abuela, madame Duval, y por el libertino sir Clement Willoughby.

Preciosa novela epistolar, en edición ilustrada (ilustraciones de época firmadas por Hugh Thomson), que describe de forma satírica los placeres y peligros de la alta sociedad inglesa y de la vida social londinense de finales del siglo XVIII.

A través de una amplia sucesión de cartas se relata la entrada de Evelina en un mundo frívolo y cruel repleto de falsas apariencias, enredos y malentendidos embarazosos.
Esta es una novela epistolar, es decir: nos enteramos de lo que pasa gracias a que los personajes se envían cartas entre ellos y en esas cartas se cuentan unos a otros las cosas que les pasan en la vida cotidiana. Así pues nos enteramos de las aventuras y desventuras (más bien lo segundo) de la joven  Evelina y de los consejos que recibe por parte de su tutor el señor Villars. 
Las circunstancias del nacimiento de Evelina colocan a la joven en una posición incierta: Su madre embarazada fue rechazada por su marido y padre de la criatura (un caballero bastante adinerado) y cuando Evelina nace éste se niega a reconocerla. La madre de Evelina, una joven de origen francés, muere en el parto y la niña queda a cargo del señor Villars, amigo íntimo de la difunta, quien acoge a la recién nacida como si fuera su propia hija.
En una ocasión, teniendo ya Evelina diecisiete años, reciben una invitación de la gran amiga del señor Villars, Lady Howard. Esta buena mujer invita a la chica a pasar una temporada en su casa con el fin de que haga compañía a su nieta María Mirvan que tiene aproximadamente la misma edad que Evelina. Ahí es donde comienza realmente la historia, pues la joven sale de la reclusión del pueblecito donde vivía con su padre adoptivo: tras unos agradables días en la compañía de Lady Howard, la hija y la nieta de ésta, reciben la comunicación de que el capitán Mirvan, padre de María, ha vuelto de pasar muchos años en la mar. Madre e hija resuelven ir a buscarle a Londres y piden a Evelina que las acompañe. Esto coincide con la temporada londinense: los bailes y los actos sociales y culturales están en pleno apogeo y ese es el ambiente que Evelina se encuentra al llegar a la capital inglesa.
Es en uno de esos bailes donde Evelina conoce a dos de los personajes que en cierta manera la acompañarán durante toda la novela. Sir Clement Willoughby y Lord Orville, quienes, confusos ante el extraño modo de comportarse de Evelina (nunca había estado “en sociedad” ni recibió educación al respecto) la toman por una pueblerina ignorante y sin modales. Esta confusión hará que Sir Clement la crea una presa fácil y que Lord Orville.
También en Londres, aunque la intención por su parte era evitarlo, conoce Evelina a su abuela materna, una mujer de dudosa ocupación que atiende al título de madame Duval. Madame Duval ha viajado a Londres desde París con la intención de pasar unos días visitando a unos parientes (primos de Evelina) y por una de esas casualidades conoce a su nieta, la reclama y pretende llevársela de vuelta a París para convertirla en “una dama como dios manda”. Evelina consigue zafarse en principio, y ocultar la relación que la une a esta desagradable señora. Sin embargo el capitán Mirvan ha encontrado en la francesa una diversión y a Evelina no le será facil rehuirla por mucho tiempo.
Comienzo mis divagaciones personales diciendo que he disfrutado muchísimo con la lectura de Evelina, sin exagerar nada os prometo que he llenado cuatro páginas de anotaciones en mi cuaderno de notas (de la marca esta famosa de tapas duras, para que os hagáis una idea del tamaño), vamos a ver si soy capaz de poner en orden mis ideas.

La lectura de Evelina es muy amena y fluida: el lenguaje y el vocabulario utilizados por su autora son muy sencillos y accesibles, es una de las muchas cosas que, más tarde, influyeron a autores como Jane Austen, en el sentido de que hoy en día cualquier persona puede leer estas obras y comprenderlas perfectamente sin tener que recurrir a diccionarios (y no es la única cosa que me ha recordado a Austen, pero ya iré comentando estos detalles poco a poco). Además el poder de enganchar al lector de Fanny Burney es tan alto que cuando uno quiere darse cuenta ha leído más de cien páginas en un rato o son las tantas de la madrugada y no se ha acordado ni de cenar, recordemos que se trata de una novela epistolar, un género de por sí difícil.

En esta novela Fanny Burney tiene una actitud muy crítica ante los defectos de la sociedad que le tocó vivir, especialmente debido a su superficialidad. En algunas de sus páginas (en concreto de la 122 a la 125 de la edición de dÉpoca) se habla de la vanidad de las mujeres y de esa costumbre de acudir a eventos como el teatro con el fin único de ver y dejarse ver. Irónicamente, son los hombres quienes entablan esta conversación, las mujeres, en cambio, callan  y miran la obra que se está representando. Curiosamente Burney utiliza al capitán Mirvan como vehículo a través del cual se ríe de la hipocresía y la banalidad de esa sociedad. Pero entremos en la novela:

Evelina es una joven provinciana que acude a Londres por primera vez en su vida y, claro, tiene que aprender a desenvolverse sola en sociedad. La chica le escribe larguísimas cartas a su tutor en las que le cuenta con todo detalle todos los sucesos que le van aconteciendo a ella y a la gente con la que se relaciona, sus opiniones, sus dudas y sus inseguridades (sobre todo esto) van sucediéndose carta tras carta. Por esto, el señor Villars en casi todas sus respuestas da muestras de preocupación y de impotencia pues al estar lejos no puede protegerla ni guiarla. Por esta inexperiencia la joven se encuentra en multitud de situaciones embarazosas, especialmente con los hombres que se sienten atraídos por ella, hombres que creen que es una tonta y una ingenua cuando en realidad tiene una educación tan esmerada que en ocasiones no sabe como salir de cada aprieto con ellos sin resultar grosera o insultante.

De todos ellos el único que la trata con decencia es Lord Orville, un personaje que a mi me resultó un tanto misterioso en cuanto a que no se sabe nada de él. No es un hombre arrogante, no es un señor Darcy, en realidad Evelina me recordó en muchos puntos a La Abadía de Northanger, en detalles sobre personajes, ya que la historia no tiene nada que ver. Bien, pues Lord Orville en cuanto a carácter me recordó un poco al señor Tilney, aunque le falta un poco de esa entusiasta alegría que tenía el héroe de Austen. Orville es amable, educado y considerado con Evelina, pero eso es todo lo que se sabe de él. No se sabe nada de su vida más allá de los momentos que comparte con los personajes de la novela.

El personaje más irritante de la novela, al que odié hasta lo indecible es Sir Clement Willoughby, el ser más hipócrita que me he encontrado en mucho tiempo. Su actitud para con Evelina me recordó muchísimo al señor  John Thorpe de La Abadía de Northanger (otra similitud). Se parecen tanto en carácter y forma de ser que casi podríamos decir que son la misma persona. Es snob, hipócrita, falso y pelota. El muy *** llega a la conclusión de que el Capitán Mirvan es el tutor de Evelina (recordemos que ella estaba pasando unos días en casa de los Mirvan en Londres) y para caerle en gracia y así conseguir su favor, se confabula con él para tenderle una cruel trampa a madame Duval. Aparte de eso en muchos momentos no deja a Evelina ni a sol ni a sombra, es tan súmamente pesado que yo realmente llegué a enfadarme. Aparte de eso hay una escena con este personaje, la cual no revelaré, que pudo haber servido de inspiración a Jane Austen cuando escribió la patética declaración del señor Elton a Emma Woodhouse en Emma.

Tambien destaco dos personajes que aun siendo secundarios me resultaron bastante interesantes por su feroz antagonismo. Por un lado el capitán Mirvan, padre de María (la amiga del alma de Evelina). Es una persona muy desagradable y misógina. En ocasiones tenía la sensación de que tanto su mujer como su hija le tenían miedo. Evidentemente Evelina, al no ser familiar suya, estaba bastante más atemorizada, aunque él no creo ni que le prestara atención dado que ignora que es la nieta de “la francesa”. Por otro lado tenemos a madame Duval que es un personaje odioso: es falsa, interesada y muy muy ordinaria. Pretende utilizar a Evelina para conseguir el dinero del padre verdadero de la chica. El capitán y madame Duval se odian con pasión y son los protagonistas de los momentos más divertidos de la novela pues están constantemente insultándose, maltratándose y lanzándose unas pullas muy ingeniosas. Sin embargo llega un punto en que las bromas son demasiado crueles y peligrosas. 

Por último comparto con vosotros la conclusión que saqué del personaje de Evelina y es que debía de ser muy duro e increíblemente frustrante ser una joven en edad de casarse en el siglo XVIII: vivir con la constante impotencia que se siente cuando no se tiene voz ni voto sobre nada, en especial cuando se trata de tu propia vida.

Recomiendo mucho esta lectura, la edición de dÉpoca, que es la que tengo yo, contiene además multitud de ilustraciones que Hugh Thomson (otro punto en común con Jane Austen) realizó para la novela. Algunas de ellas las habéis visto en esta reseña.

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9 pensamientos en “Reseña: "Evelina"

  1. Este libro está entre los más deseados que tengo desde hace algún tiempo y espero poder leerlo lo antes posible. Me has puesto los dientes largos con tu reseña y además la editorial está sacando unas ediciones preciosas. En fin que estoy segura de que la voy a disfrutar de verdad.
    Un saludo.

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  2. Las ilustraciones son una monada, pero no sé, me parece que esta editorial tiene los precios un poco subidos por las nubes :S
    Al final me hice con él en edición suave de Penguin, no sabía que era en formato epistolar (si es que yo compro sin mirar como quien dice xDD) pero vamos, espero que me guste también :3

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  3. Ha de ser una edición fantástica desde luego… Las ilustraciones son preciosas. Este libro llevo viéndolo desde hace un tiempo en un montón de blogs, la verdad es que ya apetece leerlo. La temática me atrae y me gusta que sea en formato epistolar. Y si tiene tantas similitudes con Jane Austen, muchísimo más interesante aún! Besos guapa!

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  4. Pues a mi un libro tan cuidado, con unas ilustraciones preciosas, lo de ser espístolar es una anécdota ya que tienen diálogos, en todos los capítulos, pero esa era la forma de escribir de la época. Son libros con olor a libro de imprenta y cosidos a mano, me parecen baratos en comparación con otras editoriales que parecen otra cosa y son mas caras, sin coger el libro en las manos no se pueden juzgar

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  5. No tengo este libro pero sí el de Cartas de Jane Austen de la misma editorial y es un lujazo de edición, cuidadísima hasta el último detalle. No me imaginaba que hubiera tantas similitudes entre este libro y la obra de Austen, se nota que eres una auténtica entendida en el tema, tu reseña lo refleja muy bien. Un abrazo.

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